28 agosto 2007

La UVI de Barco de Avila

Eso es lo que parece después de las 4 visitas en un día al pueblo judiero y el posterior traslado a la ciudad amurallada de los pacientes. La verdad que es en estas fechas, cuando la afluencia de visitantes, sobre todo de la capital del Reino (Madrí) a la zona, es masiva. La riqueza paisajística y natural, convierte a la zona Barcense en uno de los atractivos por excelencia de la provincia.
Pero ello trae sus consecuencias: el aumento de la demanda médica y la saturación de los servicios sanitarios, viene a demostrar que la Junta de castilla y León debería hacer algo reforzando aquellas zonas que por su aumento de visitantes en época estival, hace insuficiente el número de recursos disponibles. Pero eso es otro cantar.
El día estuvo movidito. Como les comento, después de cuatro viajes a Avila, el cuerpo lo nota y hace "el reposo del guerrero", la siesta de tres horas fue suficiente para poner a punto la maquinaria a la espera del cambio de guardia.
Si, ya se que estamos todo el día durmiendo, pero yo no llamo a nadie cuando suena el teléfono a las 4 y diez de la mañana ¿a que no?, pues eso, que también tenemos derecho a descansar.
El resto de la jornada pasó con una brecha en mi reluciente calva (es la tercera en el mismo sitio) con la puerta del escurre-platos de la base, el descojono general (sobre todo de Miguel Salvador, nuestro médico) y las conversaciones trascendentales con Avelino, el enfermero, que le gusta decirme que haga meditación cuando hay problemas.
Por lo demás, un día bochornoso de calor.

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